El consumo de pollo en la Argentina sigue creciendo y ya desplazó a la carne vacuna como la proteína más elegida por los hogares. Según el CEPA, se proyecta que el consumo supere los 50 kilos por habitante al año en 2026, consolidando una tendencia que se explica principalmente por el factor económico: el pollo es más accesible que la carne vacuna.

Alfredo Alvarado, presidente de la Cooperativa CAL 306, explicó que “el pollo que se consume en Tucumán, el 80% viene de otras provincias”. La producción local es reducida y depende de pocos productores avícolas, lo que obliga a competir con pollos congelados provenientes de Entre Ríos y Santa Fe. Aunque el consumidor tucumano prefiere el pollo fresco, la falta de una política pública para incentivar la producción avícola en la provincia mantiene esa dependencia externa.

Alvarado detalló que los costos de producción son elevados, especialmente por el precio del alimento, que representa el mayor gasto en el desarrollo del pollo. Esta situación dificulta el crecimiento de la actividad en Tucumán y limita la posibilidad de sustituir el volumen que llega desde otras provincias.

La tendencia de consumo también se refleja en la diversificación de productos derivados del pollo. Más allá de la pieza tradicional, se multiplican las opciones con valor agregado como supremas, albóndigas y preparaciones típicas como el quipe, que ganan espacio en la mesa de los argentinos.

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