La entrevista con Pablo Albertus deja en claro el delicado momento que atraviesan las panaderías tucumanas. El incremento del 7 al 10% en especialidades como facturas, tortillas, galletería y pizzas responde a un combo de factores: suba de tarifas de luz y gas, paritarias nacionales recientes, inflación acumulada y el encarecimiento de insumos importados vinculados al dólar.El pan francés, considerado “termómetro social”, se mantiene congelado gracias a un acuerdo con el gobierno provincial, aunque con márgenes mínimos de rentabilidad. Para sostenerse, las panaderías diversifican su oferta con cafetería y sandwichería, pero aun así enfrentan una caída de ventas del 50 al 60% en lo que va del año.

La situación es crítica: entre 78 y 83 panaderías han cerrado en la provincia, tanto en capital como en el interior. En la capital, los altos costos de alquiler agravan el panorama, mientras que en el interior los márgenes son más bajos pero se compensa con beneficios impositivos municipales y predios más accesibles. Esto ha generado una migración de fábricas hacia localidades cercanas como Banda del Río Salí, Yerba Buena, San Pablo, Lules y Alderetes.

El dato más contundente es el peso de la energía en los costos: según Albertus, la luz y el gas representan hasta el 60% del valor del producto. Una panadería chica puede pagar 2 millones de pesos mensuales de electricidad, mientras que un local mediano con cafetería ronda 1,1 a 1,2 millones. Sin subsidios ni ayudas directas, muchos panaderos priorizan pagar insumos y sueldos, dejando impuestos en segundo plano y acumulando deudas tributarias.
Este escenario refleja cómo la inflación, las tarifas y la caída del consumo golpean de lleno a un sector clave para el día a día de la sociedad.