La victoria de Lula en el balotaje presidencial marcó un hito político en Brasil. Tras haber quedado por detrás de Flávio Bolsonaro en la primera vuelta, el mandatario logró revertir el resultado y se impuso en la definición electoral con el 51,74 % de los votos frente al 48,26 % de su rival. En su discurso de celebración, presentó el triunfo como una victoria de la democracia, la honestidad y el futuro del país, y aseguró que trabajará para construir el mejor gobierno de su vida.
El resultado desató festejos en distintas ciudades brasileñas, donde miles de simpatizantes salieron a las calles para celebrar una remontada que semanas antes parecía incierta. La elección quedó definida cuando el Tribunal Superior Electoral confirmó matemáticamente la ventaja de Lula con más del 97 % de las mesas escrutadas.
La campaña estuvo marcada por una fuerte polarización política, debates sobre el costo de vida y la seguridad pública, y la influencia de Jair Bolsonaro, figura central del espacio opositor. La disputa representaba mucho más que la elección de un presidente: ponía en juego el rumbo político de Brasil para los próximos años.

La jornada electoral también estuvo atravesada por controversias. Diversos sectores denunciaron problemas en el transporte público que dificultaron el acceso de los votantes a los centros de sufragio. Estas situaciones derivaron en reclamos para extender el horario de votación y en una decisión judicial que amplió por dos horas el cierre de los comicios, una medida que generó debate entre las fuerzas políticas.
En su mensaje tras la victoria, Lula agradeció especialmente a los jóvenes, las mujeres y los adultos mayores que participaron de la elección. Además, sostuvo que el resultado representa un rechazo a la desinformación y al negacionismo, y destacó el compromiso de quienes defendieron las instituciones democráticas durante el proceso electoral.
El presidente reconoció que la elección dejó en evidencia las profundas diferencias políticas que atraviesan al país. Por eso, afirmó que gobernará para todos los brasileños, independientemente de su región, religión o preferencia partidaria. También anticipó que deberá construir acuerdos con un Congreso de perfil más conservador para avanzar con su agenda de gobierno.

Entre sus principales definiciones, cuestionó la influencia de las grandes plataformas digitales en la campaña electoral y planteó la necesidad de una regulación que permita combatir con mayor eficacia los delitos cometidos en internet.
Con este resultado, Lula inicia un nuevo mandato con el desafío de transformar sus promesas en políticas concretas y de promover consensos en una sociedad que continúa profundamente dividida, en uno de los momentos políticos más significativos de la historia reciente de Brasil.