El caso de Taylor Parker estremeció a Estados Unidos por la brutalidad y la manipulación que lo rodearon. Parker fingió un embarazo con ecografías falsas y panzas de silicona, y llegó a organizar una ceremonia de revelación de género para sostener su engaño. Su objetivo era retener a su pareja, Wade Griffin, a cualquier costo.

El 9 de octubre de 2020, visitó a Reagan Simmons-Hancock, una joven de 21 años que cursaba la semana 35 de su embarazo. Allí desató un ataque feroz: la golpeó con un martillo, la apuñaló más de cien veces y finalmente le practicó una cesárea improvisada para robarle a su bebé. La pequeña Braxlynn Sage no sobrevivió.
La justicia determinó que Parker cometió un doble homicidio y un secuestro fetal, un tipo de crimen con apenas 15 antecedentes en EE.UU. entre 1987 y 2011. En el juicio, se demostró la premeditación y la falta de remordimiento de la acusada. El 3 de octubre de 2022 fue declarada culpable y, semanas después, sentenciada a muerte por inyección letal. Hoy, con 33 años, permanece en el corredor de la muerte en Texas, aislada 22 horas al día, a la espera de que se fije la fecha de su ejecución.

Este caso, retratado incluso en el documental Instinto Maternal de Netflix, expone cómo la mentira sistemática y la obsesión llevaron a Parker a uno de los crímenes más sangrientos de la historia reciente de Texas.