El estudio de la Universidad Austral revela un retroceso preocupante en las capacidades cognitivas de los estudiantes argentinos. Entre 2013 y 2023, el coeficiente intelectual total cayó 3,6 puntos y las habilidades verbales se redujeron un 8,4%, mientras que las no verbales se mantuvieron más estables. Los investigadores advierten que no se trata solo de un menor aprendizaje, sino de un freno en el desarrollo de las capacidades necesarias para aprender.
La brecha entre escuelas públicas y privadas es significativa: en 2023 se registraron diferencias superiores a los 25 puntos en CI verbal, no verbal y total. Sin embargo, los especialistas aclaran que estas diferencias no pueden atribuirse únicamente al tipo de gestión escolar, sino a las condiciones sociales, económicas y familiares que acompañan a cada estudiante.

El informe también conecta estos resultados con las pruebas internacionales PISA 2025, que muestran que casi ocho de cada diez alumnos de 15 años no alcanzan el nivel mínimo en Matemática y seis de cada diez tampoco lo hacen en Lectura y Ciencias. La caída en los puntajes respecto de 2022 refuerza la alarma sobre el deterioro del sistema educativo.
Los expertos consultados coinciden en que la exposición creciente a pantallas y la hiperdigitalización afectan la atención y la memoria, impactando especialmente en las habilidades verbales, más dependientes del contexto y la estimulación. El neurólogo Conrado Estol advierte que la falta de estímulo en la infancia deja huellas que aparecen décadas después, mientras que la pedagoga Silvia Mora subraya la necesidad de actividades desafiantes que despierten la curiosidad y la concentración.

Aunque algunos especialistas, como Guillermina Tiramonti, señalan que la cultura digital también genera nuevas habilidades que las evaluaciones tradicionales no captan, el consenso es que los resultados deben funcionar como una alarma. La educación no solo construye conocimiento inmediato, sino también reserva cognitiva para el futuro, y proteger a los estudiantes del uso indiscriminado de pantallas aparece como un desafío urgente.
Este panorama abre el debate sobre cómo enfrentar la desigualdad, el impacto de la tecnología y la necesidad de fortalecer la formación docente para revertir una tendencia que compromete el desarrollo de las próximas generaciones.