El cruce entre Patricia Bullrich y Luis “Toto” Caputo expuso tensiones internas en el oficialismo y obligó a la Casa Rosada a admitir “fallos en la comunicación” en torno al envío del Presupuesto 2027 al Congreso. El enojo de Bullrich por los recortes en Discapacidad, que no habían sido informados en la mesa política, dejó mal parado al Gobierno frente a sus aliados y abrió un frente delicado en la previa del debate por la reforma política.
En ese escenario, Karina Milei se posicionó como árbitro silencioso, evitando tomar partido entre la senadora y el ministro preferido del Presidente. Su rol de mediadora responde a una doble lealtad: proteger a Caputo, respaldado por Javier Milei, y sostener la relación con Bullrich, clave para garantizar el voto “republicano” de cara al año electoral.

Los tropiezos también alcanzaron a Martín Menem, quien desconocía los detalles de los recortes, lo que profundizó la sensación de descoordinación. En Balcarce 50 reconocen que el Gobierno deberá probablemente dar marcha atrás con algunos ajustes para recomponer vínculos con los partidos socios de La Libertad Avanza.
El antecedente de tensiones previas entre Karina Milei y figuras del área económica, como Federico Sturzenegger, refuerza la idea de que la secretaria general actúa con pragmatismo, privilegiando acuerdos políticos antes que confrontaciones internas. Mientras tanto, el Presidente se mantiene al margen del conflicto, concentrado en su agenda internacional y en cuestiones de seguridad en Olivos.

Este episodio deja en evidencia que el oficialismo enfrenta un dilema estratégico: cómo sostener la cohesión interna sin perder aliados en el Congreso, justo cuando se acerca el debate por la reforma política y el inicio de la campaña electoral.