Los resultados de las pruebas PISA difundidos ayer volvieron a poner bajo la lupa el desempeño educativo argentino. El país retrocedió 11 puntos en matemática, 2 en lectura y 3 en ciencias respecto de la edición 2022, lo que refleja una tendencia preocupante. En Tucumán, el Ministerio de Educación reconoció las dificultades en los aprendizajes, aunque pidió interpretar los datos considerando el carácter de cada evaluación.

El asesor pedagógico Simón Robles explicó que la situación debe analizarse desde dos dimensiones. En lo pedagógico, persiste un enfoque tradicionalista que privilegia la memorización, cuando las evaluaciones internacionales miden competencias, es decir, la capacidad de aplicar lo aprendido en situaciones concretas. En lo político, la falta de políticas educativas sostenidas en el tiempo impide ver transformaciones reales: cada cambio de gobierno trae una impronta distinta y los resultados se perciben recién a largo plazo. Un dato que preocupa es que tres de cada cuatro estudiantes argentinos de 15 años apenas alcanzan un nivel básico en matemática.

Los planes de alfabetización en lengua y matemática no logran revertir la tendencia. Robles también señaló que el uso de las pantallas no es negativo en sí mismo, pero su utilización sin orientación pedagógica fomenta la dispersión y debilita el hábito de lectura profunda. En definitiva, los resultados de PISA son un llamado de atención: la educación argentina necesita políticas estables y un cambio de paradigma en la enseñanza, que priorice competencias y aprendizajes significativos por encima de la repetición mecánica.

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