La “supergripe” golpea con fuerza en Argentina: el virus H3N2 K preocupa a médicos y pediatras
La llamada “supergripe” que preocupa a médicos y pediatras en la Argentina corresponde a la circulación del virus de influenza A H3N2, subclado K, que ya había generado colapsos hospitalarios en Australia, Nueva Zelanda y Europa antes de llegar al país. El infectólogo Hugo Pizzi explicó que se trata de un brote de magnitud excepcional, con casi 800.000 casos registrados y una incidencia particularmente alta en niños menores de 10 años, que representan cerca del 48% de los contagios.
El cuadro clínico se distingue por fiebre elevada y persistente, somnolencia y pérdida del apetito, con escasos síntomas respiratorios. Por su intensidad y alta contagiosidad, se popularizó el término “supergripe”. Pizzi advirtió que los cambios de conducta pospandemia —como toser en la mano, no usar barbijo y descuidar la higiene— favorecen la propagación del virus.

La vacunación sigue siendo la herramienta más eficaz para mitigar el impacto, especialmente en grupos de riesgo como personas con obesidad mórbida, enfermedades cardíacas, diabetes o asma crónica. El especialista recordó que la inmunidad no es duradera y que la vacuna debe renovarse cada año, ya que el virus muta constantemente.
El período de contagio se extiende más allá de las primeras 24 horas, alcanzando hasta 72 horas o más, lo que refuerza la necesidad de medidas preventivas: higiene frecuente de manos, evitar tocarse la cara, uso de barbijo en contextos de riesgo y reposo ante la aparición de síntomas.

En definitiva, la “supergripe” refleja tanto la fuerza clínica del subclado H3N2 K como la vulnerabilidad de la población frente a un virus que se transmite con facilidad y puede derivar en complicaciones graves como neumonía o meningoencefalitis. La respuesta sanitaria depende de la vacunación anual y de la recuperación de hábitos básicos de cuidado personal.