Milei frente al desafío de recomponer alianzas
La derrota en el Senado marcó un punto de quiebre para Javier Milei y su gobierno. Hasta entonces, el Presidente sostenía que competía “contra sí mismo” en la carrera hacia la reelección, pero el traspié legislativo dejó expuesta la fragilidad del oficialismo y abrió un nuevo escenario político. La oposición comenzó a mostrar signos de reactivación y la Casa Rosada se vio obligada a ensayar gestos de mayor apertura hacia gobernadores y aliados. En ese contexto, Karina Milei asumió un rol central: comprendió que debía reforzar acuerdos políticos y retomó el diálogo con Mauricio Macri, en una conversación que buscó recomponer vínculos y proyectar posibles entendimientos de cara a 2027.

El oficialismo, debilitado, intenta ahora reconstruir confianza con concesiones concretas, como el envío de fondos a las provincias y la habilitación de proyectos opositores en el Congreso. Sin embargo, las tensiones internas también se hacen sentir, especialmente en torno a la definición de la candidatura a la vicepresidencia, que se percibe como la llave de la sucesión del proyecto libertario. A la crisis política se suma la preocupación por la economía cotidiana: la inflación, el poder adquisitivo y las tarifas generan inquietud en la mesa política, aunque Milei se mantiene firme en su modelo ortodoxo y rechaza cualquier corrección.

Las encuestas reflejan un proyecto herido, con una intención de voto que oscila entre el 36 y el 41 por ciento. Aun así, la posibilidad de triunfo sigue latente, en gran medida por el desorden opositor. La estrategia libertaria apunta a mostrarse más generosa en el Congreso, aceptar cambios en proyectos clave y avanzar en acuerdos que permitan sostener la gobernabilidad. El desafío es doble: recomponer la relación con los gobernadores y, al mismo tiempo, contener las tensiones internas mientras la economía golpea cada vez más fuerte en la opinión pública.