Enfrentamientos frente al Congreso por la protesta contra la Ley de Tierras

La protesta frente al Congreso contra la Ley de Propiedad Privada se transformó en una jornada de alta tensión que combinó movilización masiva, consignas claras y un desenlace marcado por el enfrentamiento con las fuerzas de seguridad. Desde el mediodía, miles de personas se congregaron en la Plaza de los Dos Congresos y en las calles aledañas, integrando un abanico amplio de sectores: autoconvocados, gremios de la CGT, las dos CTA, la UTEP y agrupaciones políticas peronistas e izquierdistas. La consigna que atravesó la marcha —“La tierra no se vende, no se quema, no se desaloja”— sintetizó el rechazo a la reforma de la Ley de Tierras, inicialmente incluida en el proyecto de inviolabilidad de la propiedad privada y luego retirada por el oficialismo.

El clima se tensó alrededor de las 17, cuando un grupo de manifestantes intentó avanzar sobre el vallado que protege el Palacio Legislativo. La respuesta de las fuerzas federales fue inmediata: se aplicó el protocolo antipiquetes con carros hidrantes, gas pimienta y gases lacrimógenos, lo que derivó en escenas de violencia y dispersión. El operativo de seguridad, que ya había restringido la circulación en un amplio perímetro desde las primeras horas, impactó de lleno en el tránsito y el transporte público. Veintidós líneas de colectivos debieron modificar sus recorridos y la estación Congreso de la Línea A permaneció cerrada, mientras otras estaciones operaron con limitaciones.

La protesta tuvo un alcance nacional, con réplicas en ciudades como Rosario, Córdoba, Mendoza, Tucumán, Salta y Ushuaia, entre otras, lo que le otorgó un carácter federal y reforzó la magnitud de la convocatoria. En paralelo, dentro del recinto parlamentario, el debate sobre la reforma mantenía la tensión política, mientras afuera la calle se convertía en escenario de confrontación y resistencia. El saldo de la jornada dejó en evidencia la profundidad del conflicto social y político en torno a la propiedad de la tierra, con repercusiones tanto en la dinámica legislativa como en la vida cotidiana del microcentro porteño.

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