Caso Argañaraz: dos décadas de búsqueda y dolor
A dos décadas de la desaparición de Betty Argañaraz, el recuerdo y la exigencia de justicia siguen tan presentes como el primer día. Su hermana Liliana, en una entrevista en el programa «La Tarde de Besame» con Juan Carlo Carrizo, volvió a poner en palabras la lucha incansable de la familia, marcada por la ausencia de respuestas y por la necesidad de recuperar los restos de Betty para poder cerrar un duelo que permanece abierto. Aunque las responsables del crimen —Nélida Fernández y Susana Acosta— fueron condenadas, nunca revelaron qué hicieron con ella ni dónde la dejaron, lo que mantiene a la familia en una búsqueda diaria que se ha convertido en parte de su vida.
Liliana subrayó que el acompañamiento de la prensa y de la sociedad ha sido fundamental para sostener la memoria de Betty, pero que nada reemplaza la certeza de poder despedirla. “No buscamos detalles, buscamos poder cerrar una etapa”, expresó, al remarcar que la imposibilidad de elaborar el duelo es lo que más duele. La familia Argañarás insiste en que la justicia incompleta no alcanza, porque sin verdad no hay reparación posible.

Betty, docente del colegio San Francisco, estaba a punto de asumir como directora, un cargo que le costaba aceptar porque su verdadera vocación era enseñar y formar personas dentro del aula. Ese compromiso con la educación fue truncado por la ambición y los celos de quienes decidieron terminar con su vida. La justicia determinó que las acusadas actuaron movidas por la envidia y el deseo de poder, un hecho que dejó una marca imborrable en la comunidad tucumana.
Hoy, 20 años después, el caso Argañaraz se ha convertido en un símbolo de la persistencia de la memoria y de la exigencia de verdad. La lucha de Liliana y su familia recuerda que detrás de cada expediente judicial hay una historia humana que interpela a toda la sociedad. La ausencia de Betty no solo es un dolor íntimo, sino también una deuda colectiva: la de garantizar que nunca más una desaparición quede sin respuestas.

Este aniversario reafirma que la búsqueda de Betty es también la búsqueda de justicia plena, y que mientras no se sepa dónde está, la herida seguirá abierta. La voz de Liliana, firme y emotiva, mantiene viva la presencia de su hermana y renueva el compromiso de no dejar que el caso caiga en el olvido.