La Plaza de Mayo despide al Indio Solari
La Plaza de Mayo, escenario de tantos hitos de la historia argentina, volvió a ser epicentro de una multitud. Esta vez, miles de almas se reunieron para despedir al Indio Solari, el mítico líder de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota.
No hubo pantallas ni discursos oficiales. Solo canciones, abrazos, pogo y lágrimas. Desde adolescentes que heredaron las letras de sus padres hasta jubiladas que bailaron “Mi perro dinamita”, todos se unieron en un ritual espontáneo de música y memoria.

“Hoy se murió el poeta de mi vida”, dijo Claudio, repartidor de 54 años que dejó la bicicleta encadenada para saltar en el pogo de “Jijiji”. Sus palabras se mezclaron con las de Byron y Augusto, dos chicos de 15 que aprendieron las canciones de sus mamás y papás, y con las de Susana, arquitecta jubilada que transmitió la pasión ricotera a hijos y nietos.
En la plaza sonaron himnos como “Un ángel para tu soledad”, “Todo preso es político” y “La bestia pop”. Cada verso fue coreado como si se tratara de un acto de resistencia, de celebración y de despedida. Un artista dibujó con tiza la figura del Indio y escribió una frase que resume el espíritu de la jornada: “Donde hay dolor, habrá canciones”.

La despedida fue colectiva, popular y visceral. Una fiesta atravesada por el dolor, un último homenaje al hombre que convirtió la música en bandera y que seguirá vivo en cada pogo, en cada remera y en cada corazón ricotero.