Transporte público en San Miguel de Tucumán: una prioridad en tiempos difíciles
El transporte público de pasajeros en San Miguel de Tucumán atraviesa una situación crítica que impacta directamente en la vida cotidiana de más de 500.000 vecinos que dependen de los colectivos para trasladarse a sus trabajos, estudios y actividades diarias.
Durante años, el servicio ha estado marcado por un monopolio empresarial que opera con concesiones vencidas y tenencias precarias. Esto ha derivado en:
Flota envejecida: El 52% de los 377 colectivos registrados ante la CNRT son modelos fabricados entre 2008 y 2015. Aunque deberían estar fuera de circulación, su retiro provocaría un colapso del sistema.
Déficit económico: El servicio arrastra un déficit superior al 70%, lo que obliga a un constante aporte de subsidios.
Calidad deficiente: Los usuarios enfrentan demoras, unidades deterioradas y recorridos insuficientes.

Para evitar que el sistema se detenga, la Municipalidad destina entre 1.650 y 1.700 millones de pesos mensuales. A esto se suman 400 millones de pesos aportados por el gobierno provincial. Sin embargo, los fondos nacionales llegan de manera irregular, generando incertidumbre y complicaciones en la planificación.
Este esfuerzo económico busca garantizar que los colectivos sigan circulando, aunque el servicio actual está lejos de responder a las necesidades de los vecinos.
La gestión municipal considera que la salida de fondo pasa por:
Auditorías: Para conocer con precisión cómo funcionan las empresas y qué recursos destinan realmente al servicio.
Licitaciones públicas: Con pliegos transparentes que permitan la llegada de nuevos empresarios solventes, capaces de invertir y sostener un sistema moderno.
Mejoras inmediatas: Mientras se avanza en cambios estructurales, el objetivo urgente es mejorar la calidad del servicio para los usuarios.

La Municipalidad de San Miguel de Tucumán reafirma su compromiso de trabajar por un transporte público eficiente, seguro y digno, entendiendo que se trata de un servicio esencial para la vida diaria de la ciudad.
El desafío es grande: equilibrar lo urgente —mantener el servicio funcionando— con lo importante —transformar el sistema para que esté a la altura de las necesidades de los tucumanos.
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