Tucumán vivió una jornada marcada por la fe y la memoria histórica al rendir homenaje a la Virgen de la Merced y recordar la Batalla de Tucumán de 1812. Desde la medianoche, con el saludo de los gauchos, hasta la misa del Peregrino en la Basílica, la celebración combinó devoción mariana y conmemoración patriótica. Las misas matutinas y la ceremonia central dedicada a las Fuerzas Armadas dieron paso al traslado de la imagen de la Virgen, que recorrió distintos espacios de la ciudad en un gesto de cercanía con la comunidad.

En su homilía, el arzobispo Carlos Sánchez destacó que la verdadera libertad se vive en el amor y el servicio, e invitó a abrazar a todos, especialmente a quienes sufren pobreza, violencia o abandono. Recordó el vínculo histórico de la Virgen con el Ejército del Norte y con Manuel Belgrano, y vinculó la misión pastoral con la próxima visita del Papa León, bajo el lema “Bienvenidos todos. Vayan y anuncien”.
El gobernador Osvaldo Jaldo, acompañado por autoridades provinciales y municipales, resaltó la alegría popular y pidió a la patrona bendiciones para el pueblo tucumano y para la Argentina. Subrayó que la primera batalla actual es contra la pobreza y la segunda, la generación de empleo genuino, convocando a la unidad política y social para enfrentar los desafíos. También recordó el papel de Bernabé Aráoz junto a Belgrano en la histórica victoria, y llamó a imitar a los próceres para fortalecer la democracia y la paz.

La festividad de la Virgen de la Merced reafirma la identidad tucumana, que une la fe con la historia y proyecta esperanza en medio de las dificultades.