En la antesala del Día del Bastón Verde, la reflexión sobre la baja visión cobra un lugar central en Tucumán. Walter Godoy, docente de la escuela Luis Braile, explicó que la discapacidad visual no se limita a la ceguera —representada por el bastón blanco—, sino que también incluye a quienes conservan un resto visual funcional y utilizan el bastón verde como símbolo de identificación.
Godoy detalló que existen distintos tipos de baja visión: periférica, central o con manchas visuales, que condicionan la vida cotidiana y pueden generar situaciones de incomodidad social. Muchas veces, quienes tienen baja visión no se identifican con la discapacidad visual y prefieren no usar el bastón verde, lo que provoca que la sociedad desconozca su situación y los juzgue erróneamente. “Puede ocurrir que una persona choque sin querer a otra en la calle porque su mancha visual le impide ver ese sector. La reacción inmediata suele ser de enojo, pero en realidad se trata de una condición visual”, explicó.

La semana previa al 26 de septiembre está marcada por actividades de difusión, talleres informativos y jornadas deportivas. El objetivo es sensibilizar a la comunidad y promover la empatía. En este sentido, Godoy subrayó que la mejor manera de ayudar es preguntar primero y ofrecer el hombro o el brazo para guiar. Además, recomendó dar consignas claras y espaciales —“a la derecha”, “adelante”, “arriba”— en lugar de expresiones vagas como “allá” o “acá”.
El docente también hizo hincapié en las barreras urbanas que afectan a las personas con discapacidad visual y a toda la sociedad: rampas bloqueadas por autos, veredas ocupadas por vendedores o mercadería, obstáculos que complican la movilidad de quienes usan bastón, silla de ruedas, cochecitos o andadores. “No es solo un problema de las personas con discapacidad visual, nos afecta a todos. Lo que falta es sensibilidad y empatía para aplicar las leyes que ya existen”, remarcó.

La conmemoración del Día del Bastón Verde busca visibilizar estas realidades y recordar que la inclusión no depende únicamente de normas, sino de la actitud cotidiana de cada ciudadano. La baja visión es una condición que atraviesa silenciosamente a miles de personas, y reconocerla es el primer paso para construir una sociedad más accesible y solidaria.