Dentro de La Libertad Avanza y del propio Gabinete se intensificó el debate sobre la marcha de la economía. Mientras en público Javier Milei ratifica el programa y se niega a modificarlo, puertas adentro crece la preocupación por la falta de resultados concretos en la vida cotidiana de la gente.
Federico Sturzenegger insiste en profundizar el dogma liberal, pero los dirigentes del área política —los llamados “Karinos”— reclaman señales de mejora en la actividad y en el bolsillo. Luis “Toto” Caputo, por su parte, se muestra más consciente de la necesidad de “estimular la demanda” para asegurar la reelección, aunque evita cambios bruscos. Su frase futbolera resume la tensión: “Hay que aguantar”.

Los datos recientes de la industria y la construcción encendieron las alarmas: desde el inicio de la gestión cerraron 2.500 empresas constructoras y 9 industrias por día, con la pérdida de casi 300.000 empleos. La inflación de agosto fue del 1,7%, lejos del “cero por ciento” prometido por Milei.
El malestar se reflejó incluso en voces cercanas al oficialismo. Agustín Laje advirtió que “sin resultados concretos la batalla cultural no sirve para la vida del ciudadano común”, lo que generó un fuerte cruce con el Presidente. También un economista amigo le señaló que “la gente no come superávit fiscal”, en referencia a la necesidad de beneficios tangibles.

Las internas se extienden al Gabinete: Sturzenegger acusa a Caputo de “tibio”, Pettovello se opone a usar fondos de la ANSeS para créditos hipotecarios, y Diego Santilli se posiciona como aliado de “Toto” en la disputa por las decisiones clave. El “Plan Malvinas” dio oxígeno político y fortaleció a Caputo, pero las tensiones persisten.
En paralelo, Milei impulsa cursillos educativos para su equipo y legisladores, obligándolos a leer La economía en una lección de Henry Hazlitt, convencido de que la defensa del modelo debe ser doctrinaria.