El 10 de septiembre se celebra en Argentina el Día del Terapista Ocupacional, una efeméride que permite visibilizar una disciplina sociosanitaria que acompaña a las personas en todas las etapas de la vida para alcanzar la mayor independencia posible en sus actividades cotidianas. En los estudios de Besame recibimos a la licenciada Valentina Falzarezi, terapista ocupacional desde 2022, junto a Francisco, un niño de ocho años que asiste al Centro Integral de Tartamudez, acompañado por su madre Daniela y por la directora de la institución, Lina Almazán. La presencia de ellos permite poner rostro y voz a un trabajo que muchas veces se desconoce, pero que resulta fundamental para el desarrollo y la inclusión.Valentina explicó que la terapia ocupacional interviene desde la infancia hasta la adultez mayor, ayudando a que cada persona pueda realizar tareas que parecen simples pero que no siempre lo son: atarse los cordones, vestirse, higienizarse, armar un currículum o mantener la motricidad fina en la tercera edad. En el caso de los niños, la derivación suele llegar desde pediatras, neurólogos, fonoaudiólogos o psicólogos, cuando se detectan dificultades en la adaptación a las actividades básicas de la vida diaria. También se trabaja sobre aspectos sensoriales y motores, como la grafomotricidad o el manejo del dinero en edades escolares.

Francisco y su mamá compartieron su experiencia en el Centro Integral de Tartamudez, al que llegaron hace un año tras buscar información en redes sociales. Daniela relató la contención recibida desde el primer momento, tanto para su hijo como para toda la familia, con talleres para padres, abuelos y adolescentes. El acompañamiento profesional permitió grandes avances, aunque la situación se vio atravesada por episodios de bullying en el ámbito escolar. Allí se evidenció la necesidad de mayor capacitación y compromiso institucional, ya que la buena voluntad de los docentes no siempre alcanza cuando falta conocimiento específico. La familia debió recurrir a una fundación de Buenos Aires para recibir asesoramiento, lo que muestra la deuda pendiente en la provincia respecto a la atención de estos casos.

La directora Lina Almazán subrayó que el éxito de la terapia depende del compromiso conjunto de profesionales y familias, y que el bullying afecta a un porcentaje significativo de los pacientes. Por eso, el trabajo interdisciplinario y el apoyo de las instituciones educativas resultan esenciales. Valentina, por su parte, destacó la importancia de limitar el uso de tecnología en los niños durante las sesiones, ya que la ansiedad generada por pantallas suele obstaculizar los avances. En cambio, recomienda juegos tradicionales y actividades al aire libre, como el “basta”, que permiten integrar a toda la familia.Finalmente, se abordó el reconocimiento de la terapia ocupacional por parte de las obras sociales. Al tratarse de una carrera relativamente nueva, el proceso es lento y muchas veces se canaliza a través de carpetas por discapacidad. Sin embargo, el avance es constante y cada vez más familias logran acceder a este acompañamiento. La efeméride del 10 de septiembre se convierte así en una oportunidad para valorar el trabajo de los terapistas ocupacionales y para reflexionar sobre la necesidad de construir entornos inclusivos, donde la independencia y la dignidad de cada persona sean respetadas y promovidas.