Treinta años después de su muerte, la figura de Gilda sigue viva en la memoria popular y en cada fiesta donde suena la cumbia. Su canción más emblemática, “No me arrepiento de este amor”, no solo se convirtió en un clásico del género, sino también en una clave para entender su vida y su decisión de dejar la docencia para apostar por la música.
Grabada en 1994 como apertura del disco Pasito a pasito con… Gilda, la canción nació en un momento de ruptura personal y profesional. Según el relato de Juan Carlos “Toti” Giménez, ex pareja y productor, fue compuesta íntegramente por Gilda y dedicada a él, aunque ella decidió no compartir la autoría. Incluso el productor José “Cholo” Olaya dudó en incluirla en el repertorio, pero la grabación —realizada mientras él estaba en Perú— terminó siendo decisiva.

El tema tuvo primero gran recepción en Bolivia y Perú, y recién después de su muerte en 1996 alcanzó difusión masiva en Argentina. Entre 1997 y 1998 se instaló como himno de la cumbia, con versiones como la de Attaque 77 que ampliaron su alcance fuera del circuito tropical.
La fuerza simbólica de la canción se potenció con la narrativa sobre la vida de Gilda: una mujer que desafió prejuicios y se abrió camino en un ambiente dominado por hombres. “No me arrepiento de este amor” pasó a leerse como una afirmación personal, vinculada con su elección de vida y su lucha por la música.

Con el tiempo, su figura trascendió lo artístico y se convirtió en mito, rodeada de devoción popular y relatos de milagros. La película Gilda, no me arrepiento de este amor, protagonizada por Natalia Oreiro en 2016, confirmó hasta qué punto esa canción condensaba su historia.
Hoy, más de tres décadas después, el tema sigue siendo la puerta de entrada inevitable al universo de Gilda: una canción que resume su transformación, expone las tensiones de su camino y mantiene viva la esencia de una artista que cambió el destino de la cumbia argentina.