Gianni Infantino decidió dar marcha atrás con el FIFA Forward Enterprise
El proyecto que había generado una crisis institucional en el fútbol mundial. La iniciativa proponía vender derechos comerciales y eventos de la FIFA a privados, pero encontró un rechazo inmediato y contundente de la UEFA, la Concacaf y la Confederación Asiática de Fútbol, que sumaban juntas más de 130 federaciones en contra.
En un comunicado oficial, Infantino reconoció que el proyecto había generado divisiones y que “independientemente del nivel de apoyo, ya no está en el interés del objetivo establecido en primer lugar”. Subrayó que la misión de la FIFA es unir y mejorar, por lo que la propuesta “no avanzará”.

La UEFA fue la primera en reaccionar con dureza, advirtiendo que se autoexcluiría de los torneos FIFA si el plan seguía adelante. “La Copa Mundial pertenece al fútbol. Jamás estará a la venta”, sentenció Aleksander Ceferin. Poco después, la Concacaf se sumó con un comunicado en el que cuestionó la falta de garantías procesales y la necesidad de capital privado tras la Copa del Mundo más rentable de la historia. La AFC, por su parte, señaló que el consenso era imposible y que la unidad del fútbol estaba en riesgo.
Infantino había defendido el programa como una oportunidad para aumentar los fondos destinados a las federaciones miembro, con un salto de 8 a 20 millones de dólares por ciclo a partir de 2027. Sin embargo, la resistencia de las confederaciones más poderosas dejó sin margen de maniobra a la FIFA. La Conmebol, en tanto, pidió más información antes de fijar una postura definitiva.

El episodio refleja la tensión entre la FIFA y las confederaciones continentales, y marca un freno a la idea de transformar el fútbol en un negocio con mayor participación privada. Infantino prometió ahora abrir un proceso de diálogo para “seguir haciendo crecer el fútbol en todas partes, especialmente en los países que más necesitan apoyo”.